Quisiera yo que alguien me explicara por qué los hombres se ponen tan bobitos con cualquier cosa que arrastre un cable o tenga la tripa llena de microchips. Y afirmo, airada, que no existe nada como un ipod, un móvil de última generación o una playstation para que entren en modo catatónico, con la boca haciendo aguas ante la visión de unos cuantos botones estratégicamente dispuestos. Ni los pezones de la Sharapova les motivan tanto como el folletito rojo de Mediamarkt y precisamente por allí se les puede ver -sin rumbo, perdidos y en el lodo-, dando tumbos por los pasillos como extras en una película de zombis.
Todo esto para explicar que lo primero que se mudó, con el Hombre, a mi casa, fueron su home cinema y su pantalla de plasma. Que batallo para que no me llene el salón con cachivaches, tras apostar las cuatro columnas negras del primero en las esquinas de mis muebles y situar una especie de cajón flamenco que parece denominarse subguofer frente a mi televisión. Que conseguí que dejara su plasma, una especie de tanqueta catódica del tamaño de una cría de elefante, en la azotea … aunque mi victoria se barrunta breve y él suena peleón si se menciona el asunto. Que me sacó de la caja la minicadena que me regalaron los ex- compañeros de trabajo casi de madrugada y la montó con la habilidad con que Viggo Mortensen se camela a un caballo.
Y que, por supuesto, a mí me llama tanto la tecnología -en líneas generales- como la posibilidad de que me practiquen una trepanación con una cucharilla para postres ystad de Ikea. Sin anestesia.
Me temo, sin embargo, que el que peor se ha tomado la tecno-obsesión del Hombre en los últimos tiempos es Nenito, atrapado como mosca pataleante en tela de araña, al sentarse en mi sofá rojo pasión, justo entre el Hombre y Eduardo. Mientras Yeya, Anna y yo charlábamos en la mesa de scrabble, un Minuto y Resultado mortal de necesidad se apoderaba de mi pantalla el domingo. Allí estaba él, como la rata frente a la culebra, tiesito, con las gafas casi empañadas de dolor y a un paso de la tontura. Y supe, con verle la expresión agónica, que la tecnología es mala y que, al decirle sí al home cinema, he abierto mi puerta a la madre de todas las cibertinieblas.
pd. Aprovecho esta entrada para agradecerles todos los comentarios e informarles de que el primer día de trabajo ha sido intenso, duro y muy interesante. Que se me pasó el día volando. Que los compañeros parecen muy buena gente y mi despacho da a un muro azul precioso y un patio, mientras a mi espalda queda una calle tranquila, de zona estudiantil y barrio chico. También aprovecho para dar las gracias a todos mis excompañeros por el cariño y la despedida y les mando millones de besos agotados.
Se te echa mucho de menos Angie. Leerte será como hablar contigo, pero con tu dicción más lenta y coqueta, así que de escándalo! Lo único que faltará es la sonrisa eterna
Oh, cielos!! Soy un hombre y no me había enterado!!
Pues entonces debe ser que yo no soy un hombre: prefiero los pezones de la Sharapova a los fríos botones de cualquier artefacto maidinyapan!
Tiene mu buena pinta tu nuevo garito…Nos veremos por aquí…
Besos
Esther … tú eres un poquito rara, sí
También les echo de menos, Txemita, aunque casi no tengo tiempo.
Angie… reconoce que las féminas a las que nombras en este post no son precisamente, y afortunadamente, fiel representación del género femenino actual. jjajajjajjaja
Y ánimo con el curro, con lo profesional, con el nuevo blog (que ha llegado con ganas) y con todo lo demás. La incomprensión se tornará en convivencia, y ésta en aceptación. Duro es el camino, pero la meta bien merece el esfuerzo por doloroso que sea. Y si no, sabes que aqui tienes un pedazo de carne calva sobre el que apoyarte cuando lo necesites.
besitos