“El Hombre bota su metro setenta y poco de carne achocolatada y rizo negro en el sofá del salón, mientras me estreno en la escritura bloguera desde mi propia casa, gracias sean dadas al Avatareño. En la tele, Rick Moranis busca a su hijo gigantesco. Fuera, la gente se arracima en torno a Ca Manolo, aparcando en doble fila y regando con platinas y plásticos el parque frente a mi zaguán, ése que se oculta bajo un dosel de laureles de Indias infestado de palomas y tórtolas fecalistas”.
La noche del viernes tiene un encanto especial … supongo.
Digo que lo supongo porque lo único que pude hacer ayer fue quedarme frita en el sofá, con El comisario delante, poco después de redactar estas líneas. El Hombre me insistió para que me fuera a la cama en vez de roncar frente al plasma y le vine a hacer caso como en la vigésimo quinta petición formal verbal que me hizo llegar entre las neblinas del sueño y las cosas de Juanjo Artero en la tele. Vine a salir del estado catatónico este mediodía, con un post-it de baba soñolienta uniéndome a la almohada y los ojos clausurados con legañas.
Ahora es tarde de sábado prenavideño, tarde de compras. Él vaga por ahí con sus amigos, después de prepararme un pollo a la africana que huele bien rico, despedazadito en un caldero sobre una cama de papas sancochadas. Yo acabo de llegar a casa, de las compras, cargada con turrón de chocolate para que acabe de transformar su 70 por ciento corporal líquido en puro cacao.
Confieso de mala gana que lo dejé limpiando y cocinando para visitar las diferentes grandes superficies de esta ciudad, rebosantes de humanidad con las tarjetas de crédito humeando, a fin de comprarle un regalito a Annabuil, otro a Hermano y otro, finalmente, a Diego, ese chiquillo chillón y risueño que huele a leche, fruta fresca y nube celestial.
Confieso también que aproveché la excursión para adquirir un par de regalos para el Hombre: un diccionario francés-español que portar de camino a la autoescuela, para que jamás vuelva a engañarle otra mala pécora con un “ocaso es el momento del día en el que más pega el sol”, y una copia de Ratatouille, la película que le invité a ver varias veces durante los meses pasados y que acabé gozando a la vera de Nenito, ese Hombre putativo que me ha tocado en suerte.
Finalmente confieso que estoy en charlas con Alberto para que me acompañe a Mediamarkt, a hurgar entre los zombis macho y las madres apuradas que sienten que han entrado en una realidad paralela en cuanto pisan la sección de juegos. Como ya expliqué en una ocasión, la tecnología es uno de mis particulares infiernos y quiero regalarle un ipod o un mp4 (que alguien me saque de mi supina ignorancia sobre diferencias entre ambos aparatos) por su cumpleaños. Casualmente, ése que cae el 25 de diciembre funfunfún.
Mi pretensión para las próximas horas es pasar un trapo por los muebles, que lo de limpiar el polvo no es algo que se estile en Vecindario al parecer, y escapar rumbo al hogar de Annabuil, sito en la zona Alcaravaneras. Esta noche hay fútbol y ella celebra su cumpleaños, así que se impone el botarse a la calle de nuevo antes de acabar atrapada en el sofá, escuchando al Hombre barbotar improperios de Guti y todos los galácticos.
Para el que no lo sepa, el Lado Oscuro se ha rebautizado como Minuto y Resultado. Allí habitan el Ojo Único, Saruman y Lengua de Serpiente. Allí no crece la hierba y los cuervos graznan sobre cadáveres putrefactos. Es Mátrix y Dark City juntas. Y, de fondo, se puede escuchar la música del demonio: a Bisbal, Camela y Shaila Dúrcal.



Vaya como el Hombre va sus regalos aquí…sera como la carta que le envían los reyes a él…
‘Hombre putativo’…. creo que me lo tomaré como un cumplido
Mis noches de viernes son bastante parecidas, fútbol y plasma aparte, aunque tengo que reconocer que esta en concreto estuve comiendo marisco en la Plaza de Santa Ana con una linda japonesa, así que tuvo su punto exótico
(y que lleve uno toda la vida viviendo en Escaleritas y aún no haya probado los pepitos de ca’Manolo, también tiene delito)
(así que planeando una vista a Mediamarket…. mmm…. ¿si te dejo unos euros me pillas un disco duro externo?
Vale, Netín, que diría Neke. Yo también debería comprarme un pen drive ya, que vivo en la edad de piedra tecnológica.
Y, por cierto, ¿por qué no avisaste de lo del marisco, torpedo?
Besito.
Es que no quería despertarte….
Lo cierto es que ni sabía que estaba aquello por allí, lo descubrí cuando llegué, pero tiene usted razón, debería haber emitido una nota informativa. Me doy un capón y tomo nota para intentar ser más sociable en el futuro
Netito… el HDD ya subió de precio, está ahora a casi 220. Tardaste en subir juajuajua
Angie.. cualquier ayuda para leer sus post será un placer. Y reitero lo de Txema… como El Hombre lea este post se le fastidiarán los Reyes… juajuajua