Hoy subí caminando, al golpito, desde el trabajo a casa. En la ruta, me crucé con el caracol más pachorriento de toda la isla, con una semiredada, con un grupito de adolescentes escandalosos remándose en los columpios de Don Benito entre risas de Pájaro Loco, con el olor a porro y fritura que siempre planea sobre los parques de mi barrio, con retazos de reaggaton como fugaces cometas que persiguen a los coches empingados por curvas de muerte y rectas diminutas, …
En una parte del camino, antes de la cuesta más empinada, hablé con Yeya un rato, vía móvil.
Ella se me quejaba de que deserto de este blog, de mi silencio obstinado, e insinuaba que me paso las noches descuartizando al Hombre sobre mi cama metro y medio por metro noventa y comiéndomelo, golosa, a cachos sanguinolentos. Protesté que qué mas quisiera yo, que maldito territorio Champions, que no tengo el cuerpo para mambos después de levantarme a las siete de la mañana y pasar el día entre las lindas paredes azulonas de mi nuevo trabajo, que caigo en el sofá cereza-pasión reventada poco después de la merienda y entro en coma en cuanto el Hombre me roza las verijas.
Ella, incrédula, me agradeció que no le pusiera dientes largos y se reafirmó en su diagnóstico.
Esta noche me desparramo en la silla donde el Hombre me monopoliza cada noche el portátil, enganchado a los test de autoescuela, y sé que ella, probablemente, esté saliendo del periódico ahora. Que se le está cayendo la linda barbillita sobre el teclado del ordenador, si llegó a casa y se enganchó a la pantalla, insomne, para buscar información sobre tríos o la receta del santo glögg. Que la marabunta le ruge, como a mí, en los diez agotados ñoños.
Y desde aquí, mientras escucho al Hombre cepillarse los dientes y exfoliarse hasta yunques y martillos, clamo que sí, que esta noche me gané el aterrizar sobre sus pectorales de pladur y sus bíceps hormigonados y clavarle las 32 piezas dentales -menos muelas del juicio extirpadas y colmillo oculto en paladar- a lo ancho y largo de toda su desinfectadísima piel de wengé.
Y aprovecho para mandarle un besito, muchas gracias y deseos de que sueñe con un lindo Perillán a la dulceYeyita.



No me digas que tienes un colmillo en el paladar… Yo también tenía uno, pero me lo quité las navidades pasadas, después de todo el atracón del turrón.
En cuanto a tu ausencia bloguera, da igual el motivo: en noches de imsomnio como ésta se te iba echando de menos.
Saluditos a ¡¡¡¡-4ºC!!!!
¡Me muero por volver a la Isla!
Una “Entrada para la Musa Chunga”…. anda que no habrán perecido pocos ni nada en esa búsqueda…
¡¡¡Muuuuuuuuuuuuuuack!!! Muchas gracias por volver! Escribes como los ángeles. ¡Juraíto!
Y a usted, señor Neto, le conmino a que la próxima vez me diga a la cara lo que tenga a bien comentarme y haga el favor de no llenarme el armario de muertos.
Joer con la Musa Chunga…. esta entrada es cuasi-porno jajajjaa… Angie, por favor… jajajjaaajja
Procura que El Hombre vea los test de autoescuela… que como se te enchufe a bangbros.com o similar, se le quitan hasta las ganas de exfoliarse y/o ver el fútbol
Creo necesario matizar, para evitar malinterpretaciones que hagan aún más difícil mi vida sin la cercanía de Angie, que ‘perecer’ tiene múltiples y variadas acepciones.
Ruymán: Tengo el colmillo izquierdo metido en el paladar e invisible. Pero como no molesta y ahí está, cruzadito y mudo, lo dejo
Disfruta del frío
Yeyita: No me persigas cibernéticamente al Netito ni le amenaces ni lo castigues con palabras crueles, que es buena gente, tierno a la par que viril y el mejor que escribe de ti (después de mí misma
en la blogosfera.
Nenito y Sergio: Les veo esta noche y empinamos (moderadamente) el codo. Me dice Txema que los Mendoza amenazan con destrozar la guagua, así que supongo que vamos en plan orgía. Que Dios nos coja confesados.
Angie…. se te echa de menos… ya sé que El Hombre tiene secuestrada mi módem USB y que los test de autoescuela adornan tu árbol estas navidades, pero no nos abandones… jajajaj
FELIZ NAVIDAD wapa
Angie me enteré de que el libro está viviendo en casa de Ernesto, gracias! Pronto se vendrá a El Sebadal! Por cierto…se echa de menos alguna entrada…ejem!
[...] más extraña de todas ellas era “colmillos en el paladar”, que enlazaba a una entrada en la que hacía referencia a una pieza dental oculta en tal parte de [...]