Bueno … como Noe, cuñada y amiga, nos mandó al Hombre y a mí una bonita felicitación navideña, la primera en común y además llena de buenos deseos y mejores vibraciones. Y como brilla el sol contra las paredes de Arenales y el cielo tiene un tono azul insultantemente feliz en este día. Y como Roberto y Helga, segurita y ordenanza de Casa África, nos invitaron ayer por la mañana a sabrosos y tibios churros para desayunar y hoy había galletas de chocolate en el office. Y como, finalmente, hay que sobreponerse mal que bien a estas fiestas tristonas y opresivas, en las que mi padre no puede sostenerme la mirada ni mi madre me regala un sólo beso … escribo felicidades más con una burda imitación de ganas que con ganas reales.
Me digo felicidades por despertarme para mirarme en los ojos color avellana del Hombre, por recibir su abrazo adormilado de las siete y media y su empujón fuera de la cama de las ocho y poco. También por la sonrisa moqueada pero luminosa de Diego, afectado de leve faringitis. Por la postal de la Avenida de la Democracia, por Hermano y Noe. Por las visitas en el cumpleaños del Hombre: llámese Alberto, mi calvo navideño favorito; Pachi, pensativa a las puertas de su propio aniversario; Ivana, la rosarina más dicharachera que mora en la capital grancanaria; Elsa, puro amor con nariz de payaso, y Funny, el rayo de sol que aparece en cada Navidad por mi salón y se esfuma hasta la siguiente con una risa cantarina de burbuja Freixenet. Por Nenito, perdido en La Aldea, y Yeyita, de fiesta familiar en Salamanca. Por Edu, abducido en la vorágine consumista de Mediamarkt, y por Noe, de compras compulsivas de una punta a otra de Triana. Por los chistes racistas de Carlos y los ánimos plácidos de Maby. Por las recomendaciones de libros de Antonio Bordón, las llamadas de Eduvigis, los correos de Dobrina, Silvia, Judith y Berbel, … Por cada minuto y cada recuerdo de Lola.
Y dando gracias a todos por los SMS y por los correos electrónicos y disculpándome por mi misantropía navideña, les deseo que sobrevivan a las fiestas y entren en el 2008 con alivio y otras emociones positivas. A ser posible, borrachos y/o en la mejor compañía deseable. Y que, en el año que viene, sólo pueda escribir entradas con ritmo de castañuela sincopada o Campanilla tintineante, en las que explote de alegría porque vuelvo a tener padres, viajo a Costa de Marfil, publico un libro de microrrelatos, se acaban las guerras y el hambre en el mundo o Sarkozy y Bruni se mudan a otro planeta. Amén.



Si no es mucha indiscrección, que lo será, pero vaya, frente al vicio de pedir…. Pero es que me has dejado muy intrigado.
¿Qué ha pasado para que estas navidades sean tan tristes y tu padre no pueda sostenerte la mirada?