Ayer dejé plantada a Espido Freire por un delicioso brownie en La Chocolatería de la Abuela.
Ayudó la compañía. Puestos a elegir entre ella, con sus ojos de lemur tímido y su cuello a lo Modigliani, y un ratito a la vera de tres mujeres como tres pinos, Yeya, Blanca y Día, y dos hombres como castillos, Edu y Nenito, quién puede tener dudas.
Entre churros, crusaitos y enormes tazones de chocolate caliente, aromático y espeso, se nos fue un cachito de tarde, un huequito feliz en plena vorágine de trabajo. En casa, me esperaban un ratito de cocina y un poco de Mel Gibson junto al Hombre, en nuestro sofá. Un programa tranquilito, que vienen curvas la próxima semana.
Preparándonos estamos para la gran travesía a Tenerife, isla que visitaremos en Semana Santa, si la cosa no se tuerce ni perdemos el ferry de Armas.
Hemos encontrado una casa pequeñita, pintada de amarillo-calabaza, en La Guancha y una cuna de madera para Diego. Ya sacamos las entradas para el Loro Parque, donde esperamos que los delfines le pongan los ojazos azules como platos de cerámica portuguesa y que nos deje sordos a gritos excitados entre tanto bicho. Y nos mentalizamos (y dormimos) estos días para que nos despierte de buen humor su canción de Angies y Eduardos por la mañana, sobre las seis, despuntando entre las alarmas de todos los gallos de la isla picuda y los primeros rayos de sol sobre el majestuoso Teide.
Jejeje, es que por un buen chocolate (aunque yo lo prefiero sólido) cambiaba yo hasta a García Márquez!
Espero que te lo pases bien por aquí, sé bienvenida. El Loro Parque es un lugar fantástico, pero especialmente cuando vas con niños. Disfrútalo.
Muchas gracias, Carlos. Tenemos unas ganas locas. Son las primeras vacaciones con Diego y sabemos que vamos a tener problemas para evitar que se lance a por las orcas.
Esperamos disfrutar mucho de algun guachinche/bochinche en los alrededores de La Guancha, dándonos al vino sin tino y a la carnita buena.
Besito.