“Me gustaría ser un pulpo“, me dijo él, mirándome a los ojos.
La fiesta expiraba en un rincón y su novia se había marchado hacía tiempo a casa.
“Los pulpos son promiscuos”, señalé yo. Y le puse mi primera condición: “Te preferiría albatros“.
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Lo recuerdo. Me hizo mucha gracia oírtelo contar (Entiendo que fueras tú)
¿Quien sabe? Quizá la oscuridad vuelva a morir algún día a manos de un valiente que decida volver a matar las sombras; y así volver a disfrutar de momentos geniales.
Un saludo.
Hola, Lisandro ¿Quién sabe? A ver si alguien nos espanta el huerfanato. Besito y feliz día.