A veces se convencía a sí misma de que era un insecto. Aunque temblaran sus pistilos bajo la caricia de la brisa y sintiera el impulso vivificador de la clorofila en sus verdes entrañas.
Quería engañarse, como engañaba a los insectos que se abalanzaban sobre sus pétalos, borrachos de deseo, y le prodigaban embestidas apasionadas.
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