“Hasta siempre, Vladimir“, dijo ella.
Él la había mirado fijamente a los ojos, retador. Tenía la dignidad de un príncipe derrocado, sin doblarse bajo el cargamento de cadenas que lo trababa a los zócalos del patio.
A la zarina jamás le había mirado de esa forma un súbdito.
Mandó que arrancaran los ojos del gorila con su cucharita de plata predilecta.
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Me encantan los microrrelatos. Creo que un buen cuento pequeño vale mal que miles y miles de palabras.
Te escribo, además, para decirte que no he podido evitar la tentación de incluirte entre mis premios Dardo.
Un besote.
Gracias, Mónica
Y mucha suerte con el blog nuevo.
Yo también pienso que los microrrelatos son de lo mejor para leer y para escribir. Llenitos de posibilidades en un espacio mínimo. Así que es lo que me gusta hacer ahora más … a ver si pueden salir de la Red y pasar al papel.
Besito y feliz fin de semana.