La comunidad de vecinos está harta de él.
Lleva cinco años ocupando su piso, el 3º C, sin que apenas le hayan visto la cara. Sin embargo, sí que escuchan sus retransmisiones de la Champions, la Liga o la Copa de África cada noche, a través del patio interior y para todo el edificio. Y sí que sufren sus bolsas de basura y sus colillas apostadas, durante días, en los rellanos.
Esta noche le esperan, emboscados en el zaguán.
Le hablaron de una reunión urgente para una derrama. Unos llevarán saquitos de cal viva. Otros, sus colecciones de escalpelos caseros.