Cambiaba de personalidad como cambiaba de zapatos. Si lucía tacones, sus andares eran felinos. Si sandalias, se limitaba a un chancleteo desenfadado. Si botas, adoptaba cierto aire marcial. Su arte al disfrazarse para los oídos ajenos había llegado a tal nivel que ni siquiera ella misma era capaz de reconocer sus propios pasos.
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Mimética
Publicado en Microrrelatos el abril 29, 2008 | 1 comentario
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