La princesa heredó un dragón en su séptimo cumpleaños.
Era un bicho grande, hermoso, cubierto de escamas de plata y cobre. Tenía un gran sentido del humor, temperamento sociable y la mirada más inteligente de aquel Reino.
Sin embargo, también tenía un pequeño, engorroso defecto, quizás herencia de raza: no soportaba a los hombres que se llamaban Jorge. Algo nimio, por otro lado, si éste no fuera el nombre que ostentaban el patrón del país y tres cuartas partes de sus vecinos.
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