La camarera argentina me preguntó amablemente si estaba bueno.
- Estupendo -mentí. Y puse otro ladrillo en la falsa fachada que construía, día a día, alrededor de mi persona. Por puro interés en mantener la concordia entre los pueblos, me justifico ante todos los dioses culinarios de la galaxia.



Jamáspodría tener una opinión objetiva sobre los alfajores sudamericanos, están cargados de niñez, recuerdos nostálgicos y ese dulce de leche que tan poco dice a los lectores españoles de cuentos argentinos. Sin embargo sí te dinero algo objetivo e indudable:los alfajores argentinos son ma porquería, los buenos son los uruguayosAños de galleta recién horneada, de la casa inundada del olor de la masa perfumada de agua de azahar, mantequilla y del ansia de endulzar, todo surgiendo del horno que bostezaba un cariño tan mío, tan de ese sitio que me pertenece aunque jamás lo he llegado a conocer. Montevideo es esa ciudad que Buenos Aires quiere ser. Es, será,lugar mitológico, y nadie conocerá sus alfajores sino de las manos de su propia madre.
A mí me encantan, como todo lo que tenga dulce de leche. En realidad, pensaba meter lychees, que sí que los odio cordialmente … Y tras leerte, me ha entrado un hambre voraz que voy a saciar a la cocina. Quizás con leche condensada regando algo
La forma en que está escrito el comentario de arriba demuestra que el reconocimiento de escritura es bueno, pero no tanto. Tengo que mejorar mi letra.
Me apena porque un texto tan torpemente escrito resta credibilidad a lo que pretende decir. O tal vez en este caso no, tal vez lo acerque más a lo niño (“lo niño”, “niño” como adjetivo, como adverbio que modifica cualquier acto de sentir, lo único “niño” que me queda), a lo inmediato que es sentir el olor y automáticamente reconocer en él la textura seca y tierna, cálida, de aquellos scones recién hechos. La necesidad de contar hace que se nos atraganten las palabras igual que los alfajores, por culpa del ansia.
El ansia es algo muy niño. La pasión ya se nos prohíbe.
Respecto a decepciones culinarias (tipo lychees), puedo comentarte la de la Pitahaya. Es tan bonita, tan atractiva … es una pena que no sepa absolutamente a nada.
Me basta con que les gusta a ellas, mis hijas, canarias por adopción, nacidas en Argentina. Me basta con llenar mi casa de aromas de infancia y mirar el brillo de sus ojos cuando descubren que hay alfajores de dulce de leche recién horneados.