Llegó a casa empapado en sudor, con la ropa pegada al cuerpo y sin aliento.
Pasaban cincuenta y cinco minutos del momento en que traspasó la puerta de su domicilio rumbo al parque. Cuarenta y cinco de ellos los invirtió en correr en círculos, acompasando su respiración al paso, a la sombra de los ficus.
Mientras se desvestía, sintió una punzada de un extraño picor en los ojos, una hinchazón repentina. Se dirigió al baño y escarbó, incrédulo, entre sus párpados.
Primero sacó un top rosa de chica, después una minúscula malla negra y finalmente, lo más llamativo: una especie de tanga estampado como una piel de leopardo y totalmente aerodinámico.



cuentecillo divino!
me encanta el concepto implícito: el leopardo es naturalmente aerodinámico, el tanga lo es TOTALMENTE.
sos grande, angie.