El Hombre saborea su chocolate milka y su copazo de lambrusco amabile frente a la Cuatro, preparándose para la Eurocopa. Algo oscuro, cual conjura de Saruman y Lengua de Serpiente, se cierne en el horizonte de mi vida conyugal, me quejo.
Ayer nos fuimos de excursión a la talasoterapia, a que nos repararan las espaldas. A mí, el masajista en cuestión me ha desanudado cada bolita de nervios, tensiones y contracturas que me marcaba el lomo, pero me da la impresión de que de paso me ha amoratado los costillares y ahora, cada movimiento dorsal me arranca un quejío sentido.
Leo El caso Sankara, totalmente entusiamada. Y acuso al Hombre de los males del mundo.
“Elodie, esa mala pécora franco-marfileña tiene la culpa de lo de Sankara. Ella y el presidente marfileño, Houphouet-Boigny“, le escupo.
Dice el Hombre que su ex presidente no ha matado a nadie y que no se le puede comparar a Franco. Pero le estoy cogiendo una buena tirria sicópata a ese ex mandatario oportunista y retorcido, por mejor enterrado que esté bajo varios palmos de tierra marfileña.
El Hombre sube la tele, donde hablan del entrenamiento de Luis Aragonés. Creo que intenta ignorar mi justa ira.


