A punto de perpetrar una ensaladilla rusa y pelar unos tunos, saludo al mundo desde un día bochornoso, pachorriento y solajeriento en esta esquinita del Atlántico.
Acabo de regresar de Ingenio, de visitar a Silvia García, y de Agüimes, de escuchar un pedacito de charla del Simposio África, comandado por Antonio Lozano. Conclusión: la isla se derrite, en una mañana tórrida como pocas; apetecen mangas fresquitas y rezumantes melones y sandías de color púrpura; el mar se revuelve, aturquesado y salvaje, bajo la presión combinada de solajero y ventolera y odio a Tom Cruise.
Mientras el Hombre chorrea barcos en un puerto embalsamado en un perfume a combustible y marisco, consumo las últimas horas de mis vacaciones. Dos semanas que se evaporaron ejerciendo de chófer para Richard Bona, Lokua Kanza, Madeleine Peyroux o Lizz Wright, entre otros. O de cháchara con mi Diego, cada vez más autoritario y parlanchín. O planeando tuppersex con Anna y Yeya. O escribiendo sobre Kyle Eastwood. O intentando meter al Hombre en el spa Corallium, desnudo o con un breve tanga encima. O confabulando con Nenito para formatear el portátil que me descalabró el Mendoza Chico.
También leí.
Lo último de Alexander McCall Smith, delicioso como siempre, y Los girasoles ciegos, una obra maestra.
Ahora me inicio con los Archivos vampíricos de P. N. Elrod, a pesar de mis prevenciones frente al género chupasangres, causadas fundamentalmente por la lectura compulsiva de Anne Rice o cómo triunfar con cuatro talleres literarios y cientos de páginas de descripciones interminables en las que no pasa absolutamente nada y odias al mundo en general y a Bram Stoker y Carmilla en concreto.
De momento, me pone Jack Fleming. Y me ponen el mar y la brisa y el sol de este día de verano. Y más me pone la idea de confeccionar mi ensaladilla rusa y esperar al Hombre en la cama o colgada de una lámpara, como un murciélago rosa de Gerald Durrell, vestida sólo con una negligé invisible de salitre.



Welcome back, Vampirella Chamanera….
Vaya, días aprovechados, sin duda. Eso de ser choferesa de tan musicales personales tiene que ser todo un honor, no?
Yo de lectura ando escaso, más ganas que tiempo, últimamente, y que las más de 700 paginas de la historia de amor y oscuridad se tardan un rato en leer, aunque muy agradablemente.
Y mientras tanto, esperando mis vacaciones…
Vaya, y yo que te imaginaba ronchándote al son de un noesamooooor esobsesióooooooon cualquiera, y resulta que andabas oyendo hallelujahs de Leonard Cohen en versión rubia y femenina… (por cierto, podrías haber aprovechado para decirle al guitarrista de la Peyroux que se peinara y se sentara bien).
Yo ando bobita con El Viento de la Luna, de mi amado Antonio muñoz Molina, en los minutos de vida propia que tengo.
Beso! y güelcombak!
Gracias, Nenito
Lo de choferesa fue muy agradable, porque todos fueron muy agradables. Ningún divo, buen rollito general. Lo único es que casi le quemo las canas a Iván Lins, porque el coche se prendió en humo en plena cola camionera en la carretera del norte
El guitarrista de Peyroux era un tipo siniestro con pinta de sota, con el que preferí no hablar. Creo que el único rarito de este año. Por lo demás, que vivan Etienne y los africanos, lo mejorcito del festival 2008
Al fin reencuentro algo agradable mientras me resigno a abandonar una Santander que empieza su semana grande.
Por cierto, a mí también me encantó Los girasoles ciegos.
Bienvenida, de nuevo.