Hoy camino a Soria. Si Spanair , los alisios y las tormentas de verano quieren y si todas las circunstancias que confluyen en un vuelo hacia Madrid venturoso son propicias.
Bajaré por el parque de las cucas de mañanita, a recalar en mi oficina que huele a pan y lluvia vieja. Saludaré al mecánico lolailo de la calle Curva. Pensaré en cómo distribuir el premio más heavy de la ONCE entre mi hipoteca y otras frustraciones cuando enfile Tomás Morales a la sombra del Obelisco. Acometeré el dossier de prensa de las mañanas. Sufriré resignadamente a los obreros que pican la pared y pintan de azul el patio. Trabajaré en la web, ordenaré periódicos, sacaré fotocopias, responderé correos. Llegarán el Hombre y Alberto, en su flamante vehículo motor, y bajaremos a Gando.
Esperemos que Spanair no tenga el día bobo, como cuando mi hermano tiró para allá también, y que no me boten -como a él, su mujer, su hijo de casi dos años y mi primo- cinco horas en el aeropuerto, me embarquen dos veces y acaben con mi paciencia. Armada, por si acaso, con tres libros y la revista Contemporánea, practico el ohm y respiro profundamente.
Carlos y Maby nos recogen en Barajas. Llegamos a cuentagotas, en diferentes vuelos y terminales. Y tiramos sobre la marcha para Soria, tierra incógnita, entre los vapores sulfurosos de una operación salida.
Vuelvo el lunes, harta de ollas podridas y con billetes de lotería de navidad en los refajos, espero .
Un besito a todos y feliz puente, si el euribor, el IPC y otras circunstancias lo permiten.