La Alapryla confesaba recientemente pasiones locas y vergonzantes en su blog y yo tenía poco que agredir a lo suyo con peperos y jurados de reality. Hasta que le eché el ojo a los pétreos pectorales de Hellboy hace un par de horas y se me revolucionaron las hormonas, igualito que a una adolescente con sed y hambre de justicia.
Lo cierto es que siempre me han ido los hombres de aspecto nórdico y torturado, como Viggo Mortensen. O los intelectuales burlones, entre los que incluyo a mi lindo y brillante George Clooney y al lengüín del Gran Wyoming.
Tengo mi lado oscuro, como la Alapryla, aunque no coincido con ella en el interés por los políticos de derechas. Incluido un Ánsar revalorizado en el mercado erótico por ser sospechoso de embarazar a una ministra gala y sólo si exceptuamos una extraña ambivalencia hacia Sarkozy.
Lo confieso: a mí me ponen los machos empacados en cuero y feromonas.
Como un Ron Perlman encarnado, monolítico y labradito cual piedra de Newgrange, por ejemplo. Tipos rupestres que mascan puros y hace gala de la sutileza de una patada en escroto o clítoris ajenos. Como Hellboy, sí.
Confieso que reniego de esa tendencia, aunque me persigue desde una infancia deslumbrada con Bruce Lee pateando malos mientras maulla como un gato en celo. Que llegué a babear por John Rambo bajo la lluvia y -¡horror!- por el actual gobernador de California en sus tiempos mozos. Que hasta Van Damme abriéndose de piernas sobre un poyo de cocina me provocaba alguna calentura, algún pensamiento obsceno.



¿Qué es ella, que va contando intimidades por ahí? No, mira, que a mí no me gustan todos los políticos de derechas, no se me líen, que una tiene una reputación que mantener. Pero no me cansaré de gritar a los cuatro vientos que lo que siento por Pablo Matos (que no Motos) es amor verdadero, que se me encienden las mejillas cuando lo veo, que me posee el alma de Quevedo y quiero recitar sonetos (serán ceniza, más tendrá sentido/ polvo serán, más polvo enamorado)( ¿Polvo? ¿Dije polvo? )
Ay, es lunes y estoy fatal…
Más besos que nada, no debemos unas tropicales,
Besos … que ni el Pino te trae ya esta isla, descastada.
¿El Pino? Cuando no me lleva ni el Charco… El jueves a las cinco voy a estar echando lágrimas como máquinas de escribir… Y hoy es la rama, ay. Me puse nostálgica, snif
Animito, que te queda la Candelaria