Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 13/10/08

El cuento verdadero

La madrastra conoció al sapo en una de sus frecuentes visitas al pantano, un lugar que ella encontraba perfecto para pensar a solas y recoger semillas para su colección de plantas curativas. 

Se compadeció de él, al verlo contrahecho, verrugoso y con mirada infeliz, tan solitario sobre una roca. Lo tomó entre sus manos y lo coló en su enorme mochila de terciopelo morado, dispuesta a hacerle un hueco en su terrario.

Al llegar a su palacio, la madrastra no informó a nadie de su hallazgo.

Sabía que las muchachas de la zona andaban revueltas por culpa de una leyenda que vinculaba a los sapos con la realeza. Algún bromista se dedicaba a pregonar que besar a un sapo convertía al batracio en un príncipe resplandeciente, que toda soltera del Reino que buscara apaño matrimonial debía intercambiar fluidos con un anfibio de este tipo.

La madrastra sabía que se trataba de una burda mentira, pero también era consciente del clima de histeria que se propagaba por campos y montañas.

No quería que exprimieran a su nuevo amigo hasta la muerte ni que los labios de todas sus sirvientas y hasta de sus -aparentemente emancipadas- hijas rozaran la piel del pobre bicho, así que lo ocultó bajo una piedra de aspecto insulso, en el fondo del terrario.

Un día, sin embargo, sucedió lo inevitable: el sapo salió de su escondite, desprevenido, justo en el momento en que una de las criadas hacía la cama de la madrastra.

Era una chica de pueblo, más bien simple y muy desesperada, la que se encontró con el batracio aquella mañana.  Amelia, que así se llamaba la muchacha, lo miró con incredulidad fascinada durante unos minutos, antes de que una especie de resorte invisible la propulsara de un salto prodigioso hasta donde se encontraba el animal y lo cazara entre sus manos.

Iba por el cuarto lametón libidinoso cuando les sorprendió la madrastra: el desconcertado sapo cayó al suelo y Amelia, avergonzada, enrojeció de humillación.

Justo en aquel momento, cuando el sapo se rehacía del ataque, con aire ofendido, y recuperaba la plena posesión de su cuerpo globoso y triste, pasó por la habitación un mosquito zumbón, distraído, elocuente.  

En un visto y no visto, apenas apreciado por el rabillo del ojo, la madrastra comprobó que la larga lengua del sapo daba un latigazo en el aire y se llevaba por delante al mosquito, ahora muda ración de proteínas.

-Si supieran que a quienes hay que besar de verdad es a los mosquitos- suspiró la madrastra, recogiendo del piso al sapo y tachando mentalmente al príncipe Klaus de su lista de partidos embrujados.

Read Full Post »

afribuku

Cultura africana contemporánea

EL ASOMBRARIO & Co.

Revista cultural online creada por Manuel Cuéllar. Desde el 12/12/2012.

lakkal

notes au fil des choses/footnotes to things

Planet Ruge

you can't be serious

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.879 seguidores