“La Unión (Europea), más que los Estados miembros y precisamente porque carece de la visión en profundidad y de la riqueza humana que constituye la esencia de una nación, tiene una concepción estrictamente administrativa, burocrática, del extranjero en general y del inmigrante en particular, y lo que es peor, una percepción utilitarista del refugiado que solicita asilo. Sólo concibe al inmigrante en el marco de las relaciones de la oferta y la demanda. La dimensión humana, sin la que no es posible comprender los flujos migratorios, es para ella secundaria aunque, oficialmente, se preocupe de recordar sus valores fundadores”. (Sami Nair)


