El día de ayer fue importante para mí por dos razones básicas: se cumplía el primer aniversario de la muerte de Lola Campos-Herrero y Viggo Mortensen trasponía la barrera de los cincuenta octubres.
Al matasombras de Lola llegué apurada, al trote desde doce horas de trabajo en Casa África y cruzando un cachito de ciudad y de noche templada. Tarde, como es habitual, porque como bien indica Yeya, las horas del día no se me estiran entre las manos como suave plastilina.
Leí dos textos de Trini todavía sin resuello y a segundos de que Michel pusiera punto final al memorial, con unos piropos a Lola y de Lola. Precisamente, entre otros, a Viggo Mortensen.
Dejé atrás a Marc, subiéndose a las paredes en casa, porque no llegaba, ni llamaba y le acosan los fantasmas familiares solo en casa. Así que abandoné a Judith, Alexis, Berbel, Luis León Barreto, Rosario Valcárcel, Carlos Álvarez (al que casi derribo al entrar en tromba en el Cuasquías), Juan Carlos de Sancho, Santiago Gil, Antonio Becerra y otros colegas, algunos abonados a una cerveza en la terraza, objetivo de los mosquitos más belicosos de la isla, para abrazarle.
No llevé algo propio encima que desgranar en nuestra cita con el recuerdo de Lola, esa mujer que nos dejó a todos huérfanos de cariño y guía y esa escritora que llegaba a su mejor momento cuando se la llevó la muerte. Algo que -en mi caso, opino- debería honrar también a la figura de Viggo, ese hombre de belleza peculiar y asimétrica y carisma que engancha como el chocolate lindt.
Tarde, hoy, y si la inspiración y Cadena Ser lo permiten, escribiré unas líneas en honor a los dos desde este teclado. No es una promesa, porque tengo un algo de malqueda que me previene de hacerlas. Es más bien un deseo de tributo que espero convertir en realidad en las próximas horas.
En cualquier caso, no puedo cerrar esta entrada sin repetir una vez más en voz alta “te extraño tanto, Lola” y sin imaginar, una vez más, cómo sabrá la boca partida y fina de mi Viggo.



:-* muack
Besico. Smuick!
(me abstendré de hacer comentarios sobre cierta pelea en la sauna de la que todos guardamos recuerdo, por lo escaso del asunto)
Netito, yo no lo habría dicho mejor.
Angie, un besín.
Envidiosos
Besitos a los tres.
Corre corre Angie que algún día llegarás…besitos guapa!