La vida es así: piensas que eres una buena persona, llena de buenas intenciones, que intentas hacer las cosas lo mejor posible, que lidias con tus prejuicios para mantenerlos a raya … y entonces llega Fernando Estévez y te destroza el chiringuito.
Estévez charló ayer en Casa África sobre el prejuicio occidental para comprender el fetiche, el malentendido entre culturas y nuestra incapacidad para intentar si quiera entender al diferente, la afirmación de la propia identidad basada en la diferenciación con el otro, el alocronismo, las perversiones del etnocentrismo, la falta de rigor de la antropología desde sus inicios hasta la actualidad, cómo todo es política en esta vida, la falsedad de las teorías sobre las que se sustenta el nacionalismo canario y su cercanía a los presupuestos del racismo y, finalmente, la concepción del inmigrante como excusa para estudios, subvenciones y un multiculturalismo de charanga y pandereta.
Me pareció un auténtico revulsivo para la conciencia, además de una charla fascinante y llena de datos e interés.
Al salir, pensé en cómo cambiar mi manera de pensar y actuar, en cómo reflexionar un poquito antes de elaborar un juicio de valor decente, en cómo desechar prejuicios (exceptuando las animadoras del Granca, Jiménez Losantos y otros personajes y perdón por ponerlos a todos en la misma línea de texto).
Y me aterrorizó la idea de que quizás he intentado alocronizar a Marc y reafirmarme en mi supuesta canariedad precisamente a través de su marfileñización. Tuve un rato de zozobra al borde de las diez de la noche, pero luego he pensado, mientras escalaba una cuesta rumbo a la parada de los bobos y con Ramata entre los brazos, que lo que nos hace diferentes no es sólo el color de nuestras pieles …
Son el género, la edad, el fútbol, AC/DC y Carlos Baute, la forma de preferir el pescado, el provenir de diferentes familias, las reuniones con los Testigos de Jehová, la educación con las salesianas, nuestras respectivas historias sentimentales, la lectura, etc. etc. etc.
Suficiente, supongo, para crear dos universos únicos, quizás incompatibles a veces y hasta casi radicalmente opuestos.


