Tras sufrir las noticias de la mañana, proclamo que botaría mi zapatera entera a la cabeza de cualquier mandatario del estado israelí o, en su defecto, a la mitra de Rouco Varela.
Sabiendo cómo se las gastan los primeros, que lo mismo te derriban el bloque de viviendas y te deportan a la familia a un páramo sin agua ni perro que te ladre por una simple chola arrojada en dirección a alguno de ellos, mejor opto por Rouco.
Si me excomulgara, añado esperanzada para mí, me evitaría los trámites de la apostasía.
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