La mitad derecha de su cuerpo se levantó contra la izquierda en una mañana gris de invierno, antes de salir de la cama.
Argumentó que estaba harta de los adornos con los que cubría a su oponente, de dormir debajo y hasta de ser la última en recibir la caricia tibia y morosa de la esponja en la ducha matutina.