Me enerva la costumbre que tiene mi vecina, de salir puntual y mecánicamente al jardín todas las tardes de verano, exactamente a las seis, bajo la caricia indolente de la calima y el rumor marítimo de las hojas de olivo.
Extiende una fina manta en mitad del parterre de geranios y extrae de una bolsa una merienda desconcertante que me llega en retazos de olores extraños y hasta creo que de sabores que se me antojan lejanos y de caracteres que no comprendo, impresos sobre paquetes y latas.
- Maldita extranjera, que no puede adaptarse a nuestras costumbres. Es la hora de la siesta -chirrio tras las persianas.
- Deja a la sueca -me dice siempre mi marido, antes de unir animosidad y lástima en otra frase- Veinte años aquí y sigue amarrada al arenque y la ginebra.



Realmente me fascina tu escritura, tan concisa y explícita. Comprometida y valiente.
Me gusta el trabajo de tu Blog, creo que tienes mucho que decir, ya que posees la habilidad de decirlo con un estilo muy personal.
Así que hazme un favor, no dejes de escribir.
Un abrazo desde el frío peninsular.
EDU
Muchísimas gracias, Edu. Debería dedicarle muchísimo más tiempo a esto, pero no hay horas en el día para hacer todo lo que una tiene que hacer y leer y disfrutar de los seres queridos, etc.
Pero intentaré estar a la altura que me pones
71 es el año del Jabalí de Metal…