No le costó elegir.
Un viento gélido entraba por la ventana y pellizcaba sus mejillas, mientras el olor a tierra mojada se le colaba por la nariz. La lluvia interpretaba una melodía sutil, a la que ponían el contrapunto goterones barítonos y gotitas soprano, al tiempo que se estrellaba mansamente contra la ventana.
Se había preparado un café muy cargado y a su vera descansaba, leído a medias, un libro de Calixthe Beyala. Así que canceló la cita con el amante que abandonaba la ciudad sin remordimientos.



Ah, ahí se empieza a vislumbrar otra voz. La cantidad de información fríamente calculada y el impacto bien definido. Yo creo que ése es el caminito… opinión oclóclipa.
Mmmmm … pensarémelo, oclópico céfiro