Hoy me siento más yo y mi circunstancia, Miguel, que nunca.
Fuera, panza de burro. Dentro, cataratas de sudor bajo el blusón a lo Demis Roussos y ganas de salmorejo y deseos de sentirle rebullir dentro, como un perenquén sabedor y travieso, y jilorio de Marc.
Con más tiempo y tranquilidad, escribo una disculpa y explicación pública por el abandono. Mientras, me inquieto con Déjame entrar, una recomendación de Alberto. De nuevo, Suecia, con un fondo de suburbio desangelado y frío, pedofilia, vampirismo, alcoholismo, fracaso y acoso escolar. En la nuca, se me eriza el vello mientras Eli ataca a su primera víctima, justo debajo de un puente.
De momento, recomiendo. Igual que recomiendo la presentación de Esperanza Suárez en el Club de Prensa Canaria, esta tarde, a las 20.30 horas. Y la Playa Chica para madrugar un sábado, con Diego saltando entre las olas como un sirenito mareado. Y el embarazo sin verano de por medio.


