La bautizaron Dalila, era la quinta de su estirpe.
Tenía una sonrisa ladina y predilección por las tijeras de plata, las columnas de estilo corintio y las esposas forradas con terciopelo rosa.
También se había hartado de los tipos cachas, con melenas leoninas.
Perseguía a un elemento enclenque, medio cantautor, llamado David.


