No me hice caso y me terminé La excepción. Mejoró bastante al final, en un estilo Dogville pero más realista, aunque lo que había que aguantar hasta llegar al desenlace, para mí, era inhumano. Como las ganas que me poseían de romper el cuello a un par de las protagonistas de la historia.
Moraleja: todos tenemos nuestra zona oscura y no conocemos nunca realmente al que tenemos al lado. Somos capaces de lo peor … y de lo mejor. Y quienes van por el mundo ejerciendo la bondad profesional y aparentando integridad pueden ser los peores.
De acuerdo, pero ahora necesito algo más ligero.
Opto por Pérez Galdós por obligación y guardo en la recámara un tratado sobre el erotismo, que parece bastante más placentero. Y recomiendo Una siesta feroz, de Alberto Hernández, y mando besos a los clubes de lectura de San Mateo y Santa Brígida y al de la Biblioteca Insular
antes de sumergirme en otra plúmbea tarde de domingo.


