Pasaron los años y le ofrecieron dejar la liga marfileña para jugar en la liga profesional senegalesa.
La patria de Cheikh Anta Diop y Léopold Sédar Senghor le recibió con suciedad, con alboroto y con una energía electrizante, como la que anuncia las tormentas, flotando en el aire caliente. La aparente cachaza de los vecinos de Dakar no le engañó ni por un brevísimo instante. Las pasiones palpitaban bajo la piel de la normalidad y más que en ninguna otra parte, en la escalera de su edificio, en el popular barrio de Medina.
Habitó un pequeño cuarto, vecino de un imán con el corazón de oro, el anciano Souleymane Fall, durante apenas dos semanas. Lo necesario para conocer a la bella Fatou, acusada de promiscua y con la que nadie en el edificio se hablaba excepto el viejo Fall. El sabio afirmaba que la piedad se demostraba al no negar la palabra al prójimo y que si no se hablaba con alguien por estar errado, esa persona jamás saldría de su equivocación.
- La vida está llena de sorpresas –solía confiarle, entre rezo y rezo- Jamás sigue el discurrir que tú quisieras, pero te lleva entre maravillas y decepciones a comprender que no se ha hecho tu voluntad, pero que todo está bien. Los caminos del destino son a veces incomprensibles.


