Con la sonrisa puesta me voy a la cama, después de ser testigo, en vivo y en directo, de cómo en Granca tumbó al Barça en el Centro Insular de Deportes ayer por la tarde. A San Marcus Norris y San Sitapha Savané pongo por testigos de que cosas como ésta te ensopan en adrenalina y te dejan suavita, como pasada por un rodillo gigante de pastelero. Laxa y feliz.
Tras los calores de sauna finlandesa del CID y un sandwich en El Mordisco con Yeya, reconozco que sigo suavita, aunque con hipo y moqueando. Creo que cogí frío, en la tele dan Turbulencias y tengo que tomarme un tazón de leche calentita con miel y arrebujarme en mi mantita Ikea en el sofá para coger un poquito de tino.
Precisamente en el sofá espera el Hombre, medio traspuesto entre la paliza del Villarreal al Valencia de sus amores, el día de limpieza en casa y las emociones del Granca. Y hacia él me encamino con un beso infiel a Freeland, un achuchón adúltero a Carl English, un lambuseo pecaminoso para Moran y miles guiños disimulados para el resto de la plantilla.
Buenas noches, corazones.