Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘literatura’ Category

El pistache au poulet es otro de esos platos típicos africanos donde comulgan carne y frutos secos. Pistacho en este caso, pero podrían ser almendras o anacardos o manises. La receta sigue aquí y abre el segundo capítulo de la novela africana del siglo XXI:

Juntar cuatro vasos de pistacho verde, un pollo de granja despedazado y limpio, dos tomates grandes, una cebolla, un ajo, un pimiento, sal, tres cubitos de avecrem y aceite de maní. Dorar el pollo en el aceite de maní mientras se pican, bien menuditos, los tomates, la cebolla, el ajo y el pimiento. En un caldero aparte, cocinar la verdura, más los pistachos, con un litro de agua y dejarlos sancocharse unos veinte minutos a fuego medio. Añadir el pollo y cocinar otros veinte minutos. Separar el pollo. Pasar por la batidora la salsa hasta que quede consistente y sin grumos. Servir junto, frío, con arroz.

Un buen plato para empezar una semana que se anuncia movida.

Gracias al CAAM y a Eduvigis Hernández, este miércoles a las 20.00 horas perpetro Breviarios en San Martín. Ahora estoy escogiendo lecturas y buscando chocolate para regalar a los asistentes, chantajista además de comidista a estas horas. La idea es leer la primera parte del primer capítulo de la novela y textos de Cambio de rumbo y otras historias pigmeas. Pensé en Maternidades, pero lo encontré tan flojo cuando intenté leer algo en el memorial de Lola…

Si estás en Las Palmas de Gran Canaria y quieres y puedes degustar una jícara de chocolate sin sangre y escuchar de viva y temblona voz y a velocidad turbo algunos textos de los que aquí aparecen, ya sabes. Sólo pido piedad.

Read Full Post »

La lucha interna

Situación: la narradora y Laurent, su co-protagonista, se conocen en Tenerife. Coinciden en unas jornadas organizadas por una ong para voluntarios que trabajan con inmigrantes. Ella se siente atraída por él de inmediato pero, por razones que desconocemos, elige alejarse sistemáticamente de su persona. Se separan cuando vuelven a Gran Canaria. Su intención es no volver a verle.

Todos nos habíamos intercambiado direcciones de correo electrónico y números de teléfono ya desde el primer día. Cuando llegué a casa, lo primero que hice tras depositar mi bolsa de ropa en el montón de la colada pendiente fue sentarme en la cama para buscar sus datos en mi libreta y borrarlos, determinada, a fuerza de gruesas y precisas líneas de rotulador. También ignoré las llamadas de números desconocidos durante varias semanas y casi no consulté mi correo electrónico, decidida a eliminar a Laurent y todas sus posibles coordenadas de mi vida.

Pasaron los días, lentos y mortalmente aburridos sin la posibilidad de Laurent cerca.

En la televisión seguía las noticias de su país, aunque ahora con una mezcla de cinismo y de brutal ternura. Sobre las palabras de los locutores escuchaba su voz, que me arrullaba con una nana donde recogía los nombres de cada muerto, cada escuela quemada, cada mujer violada, cada niño huérfano.

Los días estaban a punto de detenerse, igual que mi vida. Había cortado amarras con él antes de que nos atáramos mutuamente y me intentaba convencer, cada noche, antes de dormirme, de que había hecho lo correcto. Hacía falta un ejercicio de voluntad casi inhumana para levantarme por las mañanas, sabiendo que él no estaba allí ni se le esperaba.

Una mañana creí verlo caminando bajo el sol por el arcén de una carretera en Vecindario, la localidad donde me había dicho que vivía. Brillaba bajo el sol como un pájaro de fuego y cargaba una enorme bolsa de deportes. Casi frené en seco, casi me estrellé contra otro coche por perderme en el retrovisor para andar junto a él y averiguarle los rasgos y el humor del día. Todo quedó, una vez más, en un casi. Su figura desapareció en una curva del camino y no volví atrás.

Una mañana de viernes, cuando ya sentía que la sangre se había secado en mi cuerpo y no me quedaban razones para transitar por mi vida, me distraje un segundo y acepté la que resultó ser una llamada suya.

Read Full Post »

El “alloco” de Antony Sery

Bueno, ya estaba tardando, una vez más, en retomar la escritura. Gesto que lleva a aplazar la famosa novela africana del siglo XXI y a eternizarnos con una página a medio esbozar, a sentirse una culpable, a procrastinar el encuentro con la acusadora pantalla del portátil, etc. Para ir rompiendo el fuego de nuevo, aquí va la receta de un plato típico de Costa de Marfil, el alloco. Algo sencillito, ideal como aperitivo, acompañante o merienda, por ejemplo. Antes de que preguntes, Antony Sery es mi suegra.

Lo primero es trocear las bananas y apartarlas en un plato de loza. Se calienta la sartén y se sofríen la cebolla picada finita y la salsa de tomate, removiendo una pastilla de avecrem en ella. Las sardinas de lata se vacían en la salsa, después de limpiarlas de aceite y machacarlas. Se remueve a fuego lento y se condimenta. Por último, en una sartén aparte, se fríe la banana. El alloco se puede tomar con attieké o con pescado frito o con arroz en otras combinaciones. En nuestro caso particular, se junto con la salsa de sardina, se remueve y se añade más picante si es necesario.   

 Lo de la receta viene explicado por la estructura de la famosa novela, titulada Fufú para merendar gracias al gran Nenito. Plagiando hábilmente a Isabel Allende y, sobre todo, Calixthe Beyala, los capítulos de esta novela comienzan con una receta africana siempre.  La estructura también fija dos miradas diferentes: Laurent y llamémosla Ella.  Las dos historias se van contando en capítulos alternos y van convergiendo. La voz es siempre la misma, la de la narradora, que cuenta su historia y también la historia que le ha transmitido Laurent.

Vamos por unas sesenta páginas y la idea es llegar a las 150. El problema, que creo que a veces cuento demasiadas cosas demasiado a prisa y tengo que detener la narración de alguna manera. En fin, que necesito que una lectora o un lector con criterio mire el texto y me diga si tiene sentido. O hacer pausas en las que el texto repose y pueda volver a manejarlo con interés y ternura, superando baches, destrabando obstáculos y, sobre todo, buscando palabras, fluidez e historias.

Seguimos…

 

Read Full Post »

Y así termina …

Regresó inesperado, armado con un pasaporte francés que rompió en cachitos nada más pisar suelo marfileño, ante la mirada atónita de los estibadores del puerto. Se fue directo desde Abiyán al pueblo, subido en el volquete de un viejo camión destartalado, cargado de manos de banana y sacas de arroz chino.

Nada más llegar, se fue directo a la casa de la que fuera su novia y allí le informaron de que era la mujer de otro.

En un impulso que le traía en sus alas desde Francia, se fue directo a la casa del comerciante y allí sus ojos se posaron en los hijos de su antiguo amor, jugando en la arena del patio. Ella molía el arroz silvestre en el mortero, con un paño envolviéndole los rizos y los brazos cargados de pulseras de cuentas. Era exactamente la misma que cuando él partió, aunque una fina arruga se le dibujaba, pensativa y amarga, entre las cejas.

Simplemente se miraron.

Ella se fue, dejando el mortero y los hijos detrás, para recomenzar su vida con el veterano de guerra.

Read Full Post »

El padre se levantó, lanzando un quejido por mor de la rodilla quebrada, y avanzó despacio hacia la casa, dejándolo sumido en sus pensamientos. Aquel día lo vio tal como era: no un maestro temible que sabía todas las respuestas o el deportista ufano, casi invencible, que había conquistado a su madre bailando rumbas y chachachás en los guateques de su juventud. Era sólo un hombre mayor, cansado y defraudado por la vida y por sus propias elecciones. El peso de las esperanzas rotas se enganchaba a sus hombros para lastrarle los pasos.

Lo percibió como una copia de su abuelo en los últimos tiempos, cuando se perdía por los senderos de la selva para buscar hierbas y hablar con los espíritus, cada vez más empequeñecido y sutil, como si se estuviera transformando en un misterioso fantasma él mismo. Una persona tan mayor que no soportaba ya la carga de los recuerdos, buenos y malos, y que un día se fue al pueblo para dejarse morir, sin cruzar una palabra más con nadie y reducido casi a una miniatura de sí mismo.

Aun así, el viejo sentía debilidad por su nieto mayor y aprovechaba las noches para contarle en susurros historias sobre el joven alto, fuerte y decidido que fue y sobre su temeridad al abandonar a su mujer en el pueblo para ir a la guerra en Francia.

Ella se casó con otro, segura de que a él le habían partido aquel pecho poderoso con tres disparos. Incluso engendró hijos para el nuevo marido, un comerciante amable y sin otra aspiración en la vida que tener una familia inabarcable.

Read Full Post »

Laurent pareció sumirse en sus propios pensamientos, con la tostada suspendida a medio camino de su boca. Me pregunté qué habría vivido para parecer, de repente, tan sombrío, inconsolable.

-La vida en el norte es dura –continuó, de repente, sobresaltándome- Precisamente por eso muchos se sumaron a la rebelión. Ouattara les dijo que en el sur nadie los quería. Por musulmanes, por extranjeros. Es tierra diula. Muchos senufos o gente de otras etnias del norte se denominan diula, pero los diulas son en realidad los hijos de emigrantes burkineses o malienses o de Guinea. Muchos de ellos están llenos de resentimiento. Hay un 20 por ciento de extranjeros en Costa de Marfil. Quieren tener los mismos derechos que los marfileños, es normal. Hay gente que ha vivido en mi país más de veinte años, toda la vida, pero siguen siendo extranjeros. Hay otros que compraron los papeles y la nacionalidad a policías corruptos.

Me miró fijamente antes de acabar.

-Es duro ser extranjero –concluyó casi en un susurro.

Read Full Post »

Empezamos a salir en mayo, aunque no recuerdo la fecha exacta.

Como Laurent no tiene costumbre de celebrar aniversarios ni cabeza para recordarlos, suele bromear diciendo que nuestra primera cita coincidió con el anuncio del Banco de Desarrollo Africano de que regresaba a Abiyán, tras años exiliado en Túnez por culpa de la guerra civil.

Poco importa que el Banco se retractara de sus palabras a los pocos días debido a los problemas de seguridad de Abiyán y que prefiriera quedarse en el Túnez tocado por la Primavera Árabe antes que regresar a las calles fragmentadas por los puestos de control de los dozos, deseosos de hacer caja a través de la extorsión, los robos a mano armada y los secuestros.

Los comunicados anunciando el retorno a Costa de Marfil y los desmentidos se sucedieron durante meses y acabaron convirtiéndose en una especie de macabra broma entre los abiyaneses.

A veces Laurent se siente más creativo o provocador o misterioso y afirma que empezamos a salir cuando comenzó a funcionar la Comisión de la Verdad y la Reconciliación o cuando mandaron a Gbagbo al Tribunal Penal Internacional o cuando Ouattara leyó su primer discurso ante la ONU.

En cualquier caso, aprendí a convivir con esa indefinición y jamás me preocupé por fijar una fecha para nuestro aniversario. Planeábamos nuestros cumpleaños como si fueran funerales e intentábamos pensar que todas las fechas eran dignas de celebración sin estábamos juntos.

Read Full Post »

Uno de los encantos de la terraza del Yeray, además del olor casi comestible a croasán ensopado en mantequilla caliente que lo invade gracias a la panadería de al lado, es la posibilidad de que la cruce Emilio González Déniz.

Tú estás allí tomándote un café con una amiga, tomemos por caso la dulce y culta Yeya, y ves pasar a Emilio en vaqueros, con su camisa bien planchada y su mochila cargada de tesoros, la mirada distraída y la sonrisa canalla en ristre. El colmo de la buena suerte es que él se pare para charlar contigo.

Periodista, escritor e intento de cineasta son palabras grandes y bonitas que no lo describen bien. Porque Emilio también es un archivo andante que acumula fechas, datos y anécdotas y un conversador fascinante. En apenas una pausa de café te enteras de que llevó al Nobel Vargas Llosa a coger papas en las tierras de su abuelo en San Mateo, allá por el 73; de que estuvo sin blanca y perdido en París como George Orwell y allí saludó a Marguerite Duras; de que en aquel París en el que las celebridades se atrevían a mezclarse con el resto del mundo fue convidado por un enorme Samuel Beckett a comida como premio a una partida de billar americano trucada.

Gracias a él descubro el síndrome de Jim Morrison. O lo que es lo mismo, la posibilidad increíble de que no conozcas a un famoso a pesar de que se dan todas las circunstancias para que lo hagas. Así le sucedió a él con el líder de los Doors hasta el 2000, aunque se empapó en su época de Janis Joplin, Jimmi Hendrix y todo sus contemporáneos.

Me gusta el concepto, aunque en mi caso es menos glamuroso y podría denominarse síndrome David Guetta. También me gustaría que pudiera ser algo retroactivo: se me ocurre tanta gente de la que preferiría no tener un recuerdo. Y empiezo con Karadzic, Reagan, Tatcher, Videla, Pinochet, Juan Pablo II, … y no sé dónde termino.

Read Full Post »

Hoy se cumplen exactamente cuatro años desde el día en que Lola nos dejó echándola de menos en esta esquina del Universo.

En mi caso, la noticia me atropelló en Madrid, borracha de amor a la vera del Hombre, cuando lo nuestro era pura fogalera clandestina. Victoriano fue el encargado de ponerme al corriente vía móvil, con toda la dulzura del mundo pero despertándome a un mundo sin Lola. Alexis le siguió a los minutos, desconcertado, con la voz sonando a niño que acaba de descubrirse huérfano o sin Reyes y sin mitos.  

La escapada de amor se convirtió en un rosario de lágrimas por el transporte público madrileño. Incrédula yo también, huérfana de amaneceres africanos, libros dedicados y charlas siempre amables y placenteras.  Incluso de conexión con otra gente, porque a través de Lola encontré a sus hermanas, a Eduvigis, a Silvia y a Dobrina. Y a Borges, Melville, Shua. El universo de Lola estaba lleno de gente entrañable, además de humor oscuro, de libros y de viajes.

Estoy segura de que ahora garrapatea notas en su cuaderno y marea a ratos su té humeante con la cucharilla. También de que en la nube de al ladito están Dorothy Parker y Marisa, como mínimo. Quizás la Marguerite Duras que saludó a Emilio González Déniz por una calle parisina o el Samuel Beckett que le invitó a una comida dejándose ganar al billar. O mi Gerald Durrel corfiota, pilotando un bote cargado de animales.

No creo en una vida más allá de ésta, pero de alguna forma sí que creo en que ella nos mira desde alguna nube siempre benévola y hasta en que nos llena el camino de cosas buenas.

Read Full Post »

Amélie habla

Amélie le contó que no los sintió llegar.

Ella tenía el presentimiento de que arribarían al barrio de día y reservaba las noches a acunar a Gideon, ofreciéndole el consuelo de su pecho. Dieudonné se le amarraba a la cintura y hundía la cabeza lanuda en su regazo. Los dos niños parecían contagiados de su inquietud y su tristeza.

Charles tenía el aspecto de una fiera salvaje. Encerrado en el salón, no paraba de pasearse por sus pocos metros cuadrados como uno de los viejos leones del zoo de Abiyán. Se le leía el miedo en la mirada, porque sabía que era carne de represalia, que poco importaba si jamás pudo votar ni quiso enrolarse como escudo humano para el palacio presidencial o participar en el bloqueo a las tanquetas de la ONU.

Amélie intentaba razonar con él. Como eso no funcionaba, acababa por rendirse y ensayaba el gesto de pasarle la mano por la cabeza para procurarle ánimo y protección. Pero él parecía totalmente abstraído y apenas interrumpía sus paseos para sentarse, mascullando entre dientes, frente a su plato de fufú con salsa de maní y levantarse a los pocos segundos, dejándolo intacto.

Amélie temía que quisiera buscarse un arma o que intentara huir y le dieran caza como a un mono o una rata de bosque, pero no sabía tampoco qué aconsejarle. Ignoraba si era preferible quedarse en casa a esperar o si la solución a su dilema pasaba por intentar escapar al sitio de Yopougon antes de que fuera demasiado tarde.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »

afribuku

Cultura africana contemporánea

EL ASOMBRARIO & Co.

Revista cultural online creada por Manuel Cuéllar. Desde el 12/12/2012.

lakkal

notes au fil des choses/footnotes to things

Planet Ruge

you can't be serious

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.880 seguidores