Hoy me levanté pesada y con la espalda dolorida, además de enchumbada en mis propios fluidos con este solajero cruel.
Sin embargo, también me levanté feliz por el reencuentro con un placer que refresca más que remojarse las corvas en la Playa Chica, como es meterse en un libro y desafiar a los mosquitos, el sueño casi enfermizo, la retención de líquidos y otros males y conjunciones planetarias que le acechan a una en el salón de casa.
Así que agradezco a Nenito que me regalara Persépolis, de Marjane Satrapi, en mi 37º cumpleaños. También agradezco a Alexis Ravelo, Antonio Lozano y, sobre todo, Dobrina Gospodinoff, la recomendación de Andrea Camilleri y su inspector Montalbano. Agradezco a Antonio Bordón que sepa cómo fascinarla a una con un encadenamiento elegante y limpio de palabras, mientras pide que nos carguemos a Borges.
También alabo a un poder supremo no divino por el regreso de Silvia desde el Norte y la inminencia de las vacaciones. Y, sobre todo, porque me quedan Murakami, McCall Smith, Evelyn Waugh y mucho más por devorar en las estanterías … esos artilugios que volarán a la casa de los abuelos de Miguel para hacerle sitio a mi león chico, junto con un cargamento de libros y de recuerdos que no caben en mi vida actual si hay que hacerle sitio a un nuevo roomie.
pd. Esther y Fran, el artista antes conocido como el Hombre dice que les debemos una comida en casa y agradecimiento eterno por vehículo motor, visitas en el hospital y miles de favores y alegrías. Estoy de acuerdo con él. Y de vacaciones, me repito, la semana que viene. Hablamos …
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