Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘navidad’ Category

Como pistachos compulsivamente mientras escucho el guineo de “Minuto y Resultado” en la habitación de al lado. El Hombre me quitó la repetición de “Aterriza como puedas” de la pantalla para chutarse una dosis de fútbol dominguero en vena y le siento aullando en los casi goles y rozando el modo orgasmo cuando la mete uno de los equipos de su cuerda.

A mi vera, se está cargando su flamante iPod Nano nuevo y también reposa mi móvil de siempre, el mismo por el que Rafa Falcón me comunicó vía SMS esta mañana que salía silbándole al árbitro en la retransmisión del partido del Granca en La Nuestra. Pensar en el Granca es perderse entreverada en los tatuajes de Marcus Norris y embelesarse entre los fuertes brazos brillantes de Savané, “jincándole” un tapón a un menorquín. Así que empiezo yo también a derivar hacia el modo orgasmo …

Gracias a que me llama Alberto, para un café en las Ranas, se detiene mi descenso hacia visiones lujuriosas de vestuarios a rebosar de hombretones desnudos y sudorosos y consiguiente salto a la yugular de Hombre desprevenido en sofá rojo pasión.

El Hombre interpela en francés a la tele y vamos todavía por menos de la mitad de esta jornada, así que decido embutirme en mi nuevo conjuntito de lencería color azul petróleo, regarme en Amor Amor y volar hacia el Monopol con una sonrisa de oreja a oreja.

La vida recomienza el martes y hay que aprovechar hasta el último segundo de las vacaciones. Que el 2008 sea para todos sólo la mitad de bueno que la víspera de Reyes que tuve ayer y que me lo cuenten.

Read Full Post »

Posiblemente, de los 365 días del año, el de hoy es mi favorito. Mi día perfecto; la ilusión hecha minuto, segundo, hora.

Esta noche, sobre todo, es la noche del lingotazo de ron en un callejón entre risas cómplices, del regalo sorpresa perfecto casi imperceptible en un puesto de la feria de la artesanía, de la canción saltada en San Telmo, del encuentro fugaz con el amigo querido en pleno guirigay de baratijas sobre traperas y bolsas cargadas con regalos, del callo peleón clamando por un reposo dentro de la bota tras cuatro pisotones y tres horas deambulando por Triana.

Supongo que si exceptuamos el mes de febrero en pleno, que me encanta en general por mi cumpleaños y las desgracias que San Valentín conlleva, si me tuviera que quedar con un día del año, me quedaría con la previa de los Reyes. No con los Reyes, que suelen decepcionar y saber a poco, después de tanta espera y tantas ganas. Sí con la expectativa, la emoción de esconderte de alguien para buscarle algo que le llene de chispitas los ojos, el mimo de envolver paquetes apresurados, los cafés que se calzan entre expedición al centro comercial y encuentro con un tercer amigo que te ayuda o al que ayudas a perpetrar un regalo, … el ejercicio de ponerte en la piel del otro y adivinar la cara de sorpresa que vas a poner con el obsequio que tú misma estás buscando.

La previa de Reyes es mágica porque te sientes como infestada por un extraño virus feliz y porque todavía no has descubierto que te van a regalar un best seller de Dan Brown y que no vas a acertar con tu regalo a otro y su ilusión va a acabar hecha añicos en el piso.

Sinceramente, pienso que siempre la emoción de los preparativos de la víspera tiene más interés que la cosa en sí. Ya sea con una cena romántica, un cumpleaños, un Nobel, … ya decía Punset que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad.

Hoy saboreo, con el pelo revuelto tras una velada con Mariví Cabo y con juegos de mesa en casa de Yeya, los primeros compases de un día prometedor y excitante.

Por lo bajo, tarareo una especie de twist de Goran Bregovic en la banda sonora de Underground y meneo cadera al tiempo que tecleo. Mi balcánico favorito aterriza en el auditorio con un cargamento de vientos, gitanos y canciones para funerales y bodas en el mes de febrero. El regalo de cumpleaños que no habría atrevido a pedir ni en mis sueños más salvajes.

Ahora sólo queda que Claudio Utrera harimaguade a Viggo Mortensen y que un día nieve en Las Palmas de Gran Canaria, a ser posible también en febrero y mientras me recupero de mi fractura de cadera post-Bregovic, para saber a ciencia cierta que existen los milagros y que estoy en éxtasis, babeando en la sala de espera de la felicidad y sin necesidad de abrir la puerta a la dicha completa.

Read Full Post »

Bueno … como Noe, cuñada y amiga, nos mandó al Hombre y a mí una bonita felicitación navideña, la primera en común y además llena de buenos deseos y mejores vibraciones. Y como brilla el sol contra las paredes de Arenales y el cielo tiene un tono azul insultantemente feliz en este día. Y como Roberto y Helga, segurita y ordenanza de Casa África, nos invitaron ayer por la mañana a sabrosos y tibios churros para desayunar y hoy había galletas de chocolate en el office. Y como, finalmente, hay que sobreponerse mal que bien a estas fiestas tristonas y opresivas, en las que mi padre no puede sostenerme la mirada ni mi madre me regala un sólo beso … escribo felicidades más con una burda imitación de ganas que con ganas reales.

Me digo felicidades por despertarme para mirarme en los ojos color avellana del Hombre, por recibir su abrazo adormilado de las siete y media y su empujón fuera de la cama de las ocho y poco. También por la sonrisa moqueada pero luminosa de Diego, afectado de leve faringitis.  Por la postal de la Avenida de la Democracia, por Hermano y Noe. Por las visitas en el cumpleaños del Hombre: llámese Alberto, mi calvo navideño favorito; Pachi, pensativa a las puertas de su propio aniversario; Ivana, la rosarina más dicharachera que mora en la capital grancanaria; Elsa, puro amor con nariz de payaso, y Funny, el rayo de sol que aparece en cada Navidad por mi salón y se esfuma hasta la siguiente con una risa cantarina de burbuja Freixenet. Por Nenito, perdido en La Aldea, y Yeyita, de fiesta familiar en Salamanca. Por Edu, abducido en la vorágine consumista de Mediamarkt, y por Noe, de compras compulsivas de una punta a otra de Triana. Por los chistes racistas de Carlos y los ánimos plácidos de Maby. Por las recomendaciones de libros de Antonio Bordón, las llamadas de Eduvigis, los correos de Dobrina, Silvia, Judith y Berbel, … Por cada minuto y cada recuerdo de Lola.

Y dando gracias a todos por los SMS y por los correos electrónicos y disculpándome por mi misantropía navideña, les deseo que sobrevivan a las fiestas y entren en el 2008 con alivio y otras emociones positivas. A ser posible, borrachos y/o en la mejor compañía deseable. Y que, en el año que viene, sólo pueda escribir entradas con ritmo de castañuela sincopada o Campanilla tintineante, en las que explote de alegría porque vuelvo a tener padres, viajo a Costa de Marfil, publico un libro de microrrelatos, se acaban las guerras y el hambre en el mundo o Sarkozy y Bruni se mudan a otro planeta. Amén.

Read Full Post »

Noche de viernes

“El Hombre bota su metro setenta y poco de carne achocolatada y rizo negro en el sofá del salón, mientras me estreno en la escritura bloguera desde mi propia casa, gracias sean dadas al Avatareño. En la tele, Rick Moranis busca a su hijo gigantesco. Fuera, la gente se arracima en torno a Ca Manolo, aparcando en doble fila y regando con platinas y plásticos el parque frente a mi zaguán, ése que se oculta bajo un dosel de laureles de Indias infestado de palomas y tórtolas fecalistas”.

La noche del viernes tiene un encanto especial … supongo.

Digo que lo supongo porque lo único que pude hacer ayer fue quedarme frita en el sofá, con El comisario delante, poco después de redactar estas líneas. El  Hombre me insistió para que me fuera a la cama en vez de roncar frente al plasma y le vine a hacer caso como en la vigésimo quinta petición formal verbal que me hizo llegar entre las neblinas del sueño y las cosas de Juanjo Artero en la tele. Vine a salir del estado catatónico este mediodía, con un post-it de baba soñolienta uniéndome a la almohada y los ojos clausurados con legañas.

Ahora es tarde de sábado prenavideño, tarde de compras. Él vaga por ahí con sus amigos, después de prepararme un pollo a la africana que huele bien rico, despedazadito en un caldero sobre una cama de papas sancochadas. Yo acabo de llegar a casa, de las compras, cargada con turrón de chocolate para que acabe de transformar su 70 por ciento corporal líquido en puro cacao.

Confieso de mala gana que lo dejé limpiando y cocinando para visitar las diferentes grandes superficies de esta ciudad, rebosantes de humanidad con las tarjetas de crédito humeando, a fin de comprarle un regalito a Annabuil, otro a Hermano y otro, finalmente, a Diego, ese chiquillo chillón y risueño que huele a leche, fruta fresca y nube celestial.

Confieso también que aproveché la excursión para adquirir un par de regalos para el Hombre: un diccionario francés-español que portar de camino a la autoescuela,  para que jamás vuelva a engañarle otra mala pécora con un “ocaso es el momento del día en el que más pega el sol”, y una copia de Ratatouille, la película que le invité a ver varias veces durante los meses pasados y que acabé gozando a la vera de Nenito, ese Hombre putativo que me ha tocado en suerte.

Finalmente confieso que estoy en charlas con Alberto para que me  acompañe a Mediamarkt, a hurgar entre los zombis macho y las madres apuradas que sienten que han entrado en una realidad paralela en cuanto pisan la sección de juegos. Como ya expliqué en una ocasión, la tecnología es uno de mis particulares infiernos y quiero regalarle un ipod o un mp4 (que alguien me saque de mi supina ignorancia sobre diferencias entre ambos aparatos) por su cumpleaños. Casualmente, ése que cae el 25 de diciembre funfunfún.

Mi pretensión para las próximas horas es pasar un trapo por los muebles, que lo de limpiar el polvo no es algo que se estile en Vecindario al parecer, y escapar rumbo al hogar de Annabuil, sito en la zona Alcaravaneras. Esta noche hay fútbol y ella celebra su cumpleaños, así que se impone el botarse a la calle de nuevo antes de acabar atrapada en el sofá, escuchando al Hombre barbotar improperios de Guti y todos los galácticos. 

Para el que no lo sepa, el Lado Oscuro se ha rebautizado como Minuto y Resultado. Allí habitan el Ojo Único, Saruman y Lengua de Serpiente. Allí no crece la hierba y los cuervos graznan sobre cadáveres putrefactos. Es Mátrix y Dark City juntas. Y, de fondo, se puede escuchar la música del demonio: a Bisbal, Camela y Shaila Dúrcal.

Read Full Post »

afribuku

Cultura africana contemporánea

EL ASOMBRARIO & Co.

Revista cultural online creada por Manuel Cuéllar. Desde el 12/12/2012.

lakkal

notes au fil des choses/footnotes to things

Planet Ruge

you can't be serious

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.879 seguidores