Pequeño dilema moral. Así lo llamaba Elvis en Graceland, de Chris Abani.
Hacer algo que sabes que no es correcto, porque un poso de incomodidad te lastra los pasos. Seguir adelante, de todas maneras, cerrando los ojos para no ver esos pies que pesan.
Los pensamientos se vuelven como esas raíces de eucalipto que pugnan por desmigajar el asfalto de la carretera e inmiscuirse en la circulación que intenta hundirlas, sin éxito, más allá del subsuelo.