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La memoria del amor

La maternidad te va desgastando los bordes de los recuerdos. La memoria se hace endeble, fina como un delicado papel de arroz a través del que todo trasluce y en el que se fijan, como golpes de tinta china, cuatro informaciones básicas, fundamentalmente de logística, sobre cantidades de medicamentos, horarios de guardería y poco más.

El amor también te vuelve olvidadiza. Unos labios borran a otros labios y se superponen a ellos.

Ya no recuerdo, entre maternidad y amor “conyugal”, cuántos hombres me abrazaron, cuántas veces susurré “te quiero” en un oído que no es el tuyo, cuántos amores creí sentir -irrenunciables y más grandes que yo misma- y se esfumaron sin dejar huella.

Su madre le preparó fufú a todas horas y en todas las combinaciones posibles. Su padre le pidió que durmiera con él todas las noches para hablar sin tregua hasta la madrugada, amparados en la oscuridad cargada de zumbidos de insectos y rumor de hojas. Su abuela vino del pueblo para recordarle el bété y pasar las tardes acariciándole con sus manos terrosas y austeras, demorándose en cada pliegue entre los dedos, en cada línea de la palma y hasta en el óvalo de cada uña. Sus hermanas, ya casadas y preñadas, le colmaron de platos de plakalí, gombó y attieké y le llevaron a sus hijos para que los bendijera y les contara las historias de la sirena que habita el río Senegal, la hermosa Mamy Wata de ojos líquidos y garras de leona, la que atrae con su voz sensual a los hombres hasta las riberas para ahogarlos en un amoroso abrazo colmado de escamas de plata.

Don de lenguas 2

Le gustaba jugar a que cantaba en un idioma extranjero.

Encadenaba sílabas sin sentido, a veces ácidas y duras, como leznas, limas y punzones sobre su lengua, sus labios y sus dientes. Otras veces, resbaladizas y dulces, como envueltas en almíbar o sirope. Se sentía poseída por un espíritu remoto, incomprensible.

Un día, por puro afán de enredar el juego, puso un espejo ante sus labios. Por fin comprendió lo que se atrabancaba sobre su lengua, cuando el reflejo de las palabras extrañas las hizo diáfanas y aprehensibles.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.500 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 42 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Escuché su voz como llegando de otra vida, profunda y socarrona y dulce. Me invitó a pasear por la playa aquella misma noche y no pude encontrar excusas convincentes. Cuando nos vimos, en un bar irlandés de la zona portuaria, me abrazó con todo el cuerpo durante unos minutos que me parecieron, a un tiempo, infinitos y nada. Me sentí sargazo atribulado por la marea hasta que me robó un beso, a medio camino entre las mejillas, con determinación y ternura. Me amordazó con su boca para que no pudiera ni supiera protestar.

A continuación me agarró la mano con la que intentaba separarme de él y a partir de ahí dejé de ser yo sola para convertirme en otra cosa.

Senegal, mon amour

Pasaron los años y  le ofrecieron dejar la liga marfileña para jugar en la liga profesional senegalesa.

La patria de Cheikh Anta Diop y Léopold Sédar Senghor le recibió con suciedad, con alboroto y con una energía electrizante, como la que anuncia las tormentas, flotando en el aire caliente. La aparente cachaza de los vecinos de Dakar no le engañó ni por un brevísimo instante. Las pasiones palpitaban bajo la piel de la normalidad y más que en ninguna otra parte, en la escalera de su edificio, en el popular barrio de Medina.

Habitó un pequeño cuarto, vecino de un imán con el corazón de oro, el anciano Souleymane Fall, durante apenas dos semanas. Lo necesario para conocer a la bella Fatou, acusada de promiscua y con la que nadie en el edificio se hablaba excepto el viejo Fall. El sabio afirmaba que la piedad se demostraba al no negar la palabra al prójimo y que si no se hablaba con alguien por estar errado, esa persona jamás saldría de su equivocación.

- La vida está llena de sorpresas –solía confiarle, entre rezo y rezo- Jamás sigue el discurrir que tú quisieras, pero te lleva entre maravillas y decepciones a comprender que no se ha hecho tu voluntad, pero que todo está bien. Los caminos del destino son a veces incomprensibles.

No olvide poner un canario en su biblioteca*.

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